lunes, marzo 07, 2005

Érase el carnaval de Las Veredas

No hacía falta cigarros. Todos fumábamos. El humo blanco salía de nuestras bocas como si hubiéramos encendido un Ducado. Muy buena idea la de una ¿carpa? en la plaza... para haber sido agosto. En mitad de la quinta ola de frío de este invierno, la chapa del techo apenas nos protegía de una pelona que estaba helando los coches. Pero nosotros, mucho más duros que el metal, resistimos con el antídoto de la risa. María Jiménez, con cara de hombre y embutida en un mono naranja, nos miraba desde el filo del escenario y una poco acompasada liebre hizo las delicias de nuestras sonrisas. La más loca de todas las maríaisabeles de los carnavales que he visto este año (y juro que han sido muchos) se empeñaba en hacernos bailar y "farró" cuando sonó su himno: "antes muerta que sencilla". Nos mirábamos, felices, por haber dado el paso más allá del Calvario, aunque la diferencia no era mucha. La clientela habitual del kilómetro se había repartido entre Galaroza, El Rocío y aquella plaza helada que en poco tiempo te hacía sentir como a uno más. Por lo menos a nosotros. No creo que la cantante del Trío, que tuvo que dejar las lentejuelas y el escote por el abrigo y los guantes, pueda decir lo mismo.

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