viernes, febrero 25, 2005

La torre inanimada

Alguien escuchó un día a Lledó decir que la política no interesa si por ella no pasa la vida. Apuntó la frase y ya para siempre quedó como cita. A menudo me la recuerda mi jefe y yo estoy de acuerdo, si algo le falta a la política es humanidad. Y esta falta de presencia de la vida la hemos extrapolado a otras muchas facetas. Me llama la atención como medio mes después del incendio de la Torre Windsor, los informativos de las cadenas nacionales siguen haciendo directos desde Azca. Tienen hasta cámaras fijas 24 horas apuntando a la torre preocupados por un posible derrumbe. Los medios nacionales, que emiten desde Madrid, piensan que al resto del país nos interesa, en la misma medida que a ellos que circulan a diario por la Castellana, la integridad de la torre. Al resto del país nos importa una mierda. Nos dejó de interesar el segundo día, cuando después de apagar las llamas, la cosa se estabilizó y se constataron de que no había víctimas mortales. Por la torre Windsor, al contrario que en El Carmel catalán, no pasaba la vida. Apenas muchos miles de millones e información empresarial que no se asemeja, ni de lejos, al terror de la incertidumbre de unas personas que no saben dónde dormirán mañana. A los televidentes no madrileños nos importa bastante poco los daños de una torre que pueden subsanarse con parte del capital privado que albergaba. Y, a mí, particularmente, me parece una pasada el vídeo, miles de veces repetido, en el que se ven los famosos "fantasmas". Ni siquiera ellos parecen estar vivos. Si no hay vida, no interesa, por mucho que los directivos de las cadenas que no se cansan de mostrarlo, intenten hacer ver la importancia del que se ha convertido, de la noche a la mañana, en un símbolo de la capital.

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