martes, mayo 21, 2013
"Salto de la Reja". Experiencia primera
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Mis gurús
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Premio Huelva de Periodismo 2012
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domingo, marzo 03, 2013
Carnaval
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miércoles, febrero 27, 2013
Suerte, Santi
Santiago González fue el primer compañero que conocí cuando llegué a trabajar a Huelva hace ahora cinco años. Llevaba en la mano una grabadora de minidisc con una pegatina de Cadena Ser a las puertas de la Audiencia Provincial, donde pasaríamos después tantas jornadas. Era el último día de marzo de 2008, un día antes de que yo empezara a trabajar oficialmente en RNE. Entonces ni imaginábamos que nos quedaban por delante unos años maravillosos que lo convertirían en uno de mis amigos más especiales.
Con Santiago González, he compartido inquietudes, libros, copas, visitas de ida y vuelta a Sevilla, Punta Umbría y Cortegana, jornadas de playa, mojitos con hierbabuena, cenas con amigos, desayunos con compañeros de trabajo, interminables horas de espera, conversaciones y algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas, como aquella vez que abrí, emocionada, la puerta de la habitación de hospital donde acababa de pasar la primera noche con dos de las personas que son la clave de su felicidad: su chica, Rocío, y su hija, Claudia
.
Santiago González es una persona generosa, vitalista, alegre y crítica. Como periodista, además, tiene la virtud de ir siempre anticipándose a lo que va a ocurrir. También tiene una voz grave, masculina y muy radiofónica que es un don completamente innato, con el que nació y que asustaba a las dependientas de los supermercados a los que acompañaba a su madre cuando tenía cuatro o cinco años. Ese don de la naturaleza, que para adaptarlo a su trabajo jamás tuvo que pisar la consulta de un logopeda, es la que va a apartarlo de su pueblo, su familia y sus amigos en una nueva y excitante etapa profesional para la que hoy mismo está haciendo las maletas.
Me cuentan que, en Madrid, en la redacción central de la radio donde trabaja desde hace unos siete años, se han enamorado de su voz. Lo que sus jefes no saben y yo sí, es que cuando conozcan a la persona que se esconde tras ella, ya no lo dejarán escapar.
Reconozco que me emocioné cuando me dio la noticia. Que me puse a gritar y a llorar de alegría y que, de repente, le empecé a hablar de una justicia no sé si divina o providencial, ésa que se merece precisamente él más que nadie, por haber dejado atrás una vida que ya tenía y que podía haber seguido viviendo plácidamente, pero que abandonó para formarse y dedicarse a este oficio que compartimos, tan maravilloso como hijoputa.

Suerte, amigo.
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viernes, febrero 22, 2013
Es trabajo, no privilegio
Yo lo que tengo, repito, es un trabajo en el que desarrollo las habilidades profesionales que he ido adquiriendo con el tiempo y la experiencia en otras empresas anteriores y en ésta. Un trabajo para el que me he formado, desde que, a los 18 años, saliera de mi casa, gracias al esfuerzo económico de mi madre que, con una paga por viudedad, pudo pagarme una carrera en la Facultad de Comunicación de una universidad pública. Cuatro cursos que fui compaginando con prácticas en medios de comunicación por las que no me pagaban o lo hacían con "becas" irrisorias. Nunca tuve, en aquellos años, ni un verano de vacaciones. Los pasaba, siempre, en una redacción.
Repito que lo que tengo es un trabajo que obtuve tras un proceso de oposiciones que duró de julio a diciembre, en el que tuve que medirme con otros sies o siete mil aspirantes en cinco pruebas que me hicieron desplazarme a Madrid a costa de mi propio bolsillo y esfuerzo.
He tenido suerte. Eso dicen y yo lo creo. En un país con seis millones de parados, suerte es tener trabajo y mucho más si es estable. Vale. De aceptar que he tenido y tengo "suerte" por poder desarrollar una labor profesional a tener que considerarme una privilegiada va un largo trecho. Porque yo lo que tengo es un trabajo no un privilegio. Y empiezo a estar cansada de que haya quienes están interesados en que cierta parte de mi propia clase, la clase obrera, nos vea a otra parte como unos privilegiados. No, no y no. Yo lo que tengo es un trabajo en una empresa en la que, con sus luces y sombras, me gusta trabajar porque siempre me he creído eso del Servicio Público y la función social del Periodismo. Una empresa, que me ha pagado mi salario cada mes, sin faltar uno, y que me ha ofrecido unas prestaciones sociales que la hacen un buen sitio donde trabajar. Ellos han cumplido su parte del contrato que firmamos y yo la mía, sin faltar nunca a ese acuerdo. Hasta ahora.

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sábado, febrero 02, 2013
Confluencias
Asociación de la Prensa de Sevilla
Dice Lucio: "Creíamos que El País era una empresa humana (...) y, en el momento de plantear el despido colectivo se ha comportado como una empresa inhumana". "Las empresas periodísticas están haciendo las cosas mal y, además, no lo contamos" "La sensación que tengo es de ser como una apátrida. Yo vivía en una patria muy calentita, muy confortable, una empresa muy fuerte y, de repente, te dicen: -Expulsada de la patria. -¿Por qué? -Pues porque te ha tocado."
"El poder miente, siempre, pero para encontrarse a alguien comparable a Cebrián hay que remontarse a Goebbles".

"Estoy convencido de que un periodista gana fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente. Desplazarse en metro o autobús y comer menús baratos ayuda a saber lo que pasa en la calle y vacuna contra el mal típico del político, del ejecutivo y del periodista acomodado: el aislamiento en comunidades endogámicas que miran desde arriba al resto de los ciudadanos y los ven como números, porcentajes y estadísticas". O "Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello".

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lunes, enero 28, 2013
Donde fuimos felices
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martes, enero 08, 2013
Resurgir

Esta mañana, el presidente de la ONG que gestiona este supermercado social subvencionado por administraciones públicas y otras entidades, nos ha contado que el perfil de los beneficiarios ha cambiado sensiblemente. Han pasado de atender al "pobre crónico de barrios marginales" a familias de clase media que se han quedado sin nada.
Por fin, y con la excusa de una convocatoria a los medios de comunicación por la renovación de un convenio para su financiación, se nos han abierto las puertas. Pero cuando han visto las cámaras y los micrófonos, los usuarios han corrido despavoridos.
Yo he querido quedarme un rato charlando con los voluntarios. Son unos sesenta, la mayoría mujeres y jubilados. Algunas llevan catorce años haciendo de cajeras en este economato. Ellas sí que han visto cómo cambian los rostros de los que vienen a comprar. Una de ellas me decía que vienen muchos jóvenes, con niños pequeños, o mayores con pensiones que ahora son el único sustento para ellos y las familias de sus hijos.

En este economato, 20 euros de compra corresponden a 130 en un supermercado normal. Los productos son de primeras marcas y están en perfecto estado. La diferencia en el precio es debida a que tres cuartas partes del precio están subvencionadas por administraciones públicas como la Diputación de Huelva y otras empresas y entidades.
Charlando con ellas, les confesé que algún martes por la mañana, me había sobrecogido la cantidad de personas que esperaban a la puerta. Una me contó que los martes son los días en los que llegan los autobuses de la gente de la sierra. O sea, que los que esperan en las colas de los martes son mis paisanos, algunos hasta de mi propio pueblo, conocidos seguro.
Y he estado pensando en ellos, mientras me recitaba a mí misma y de memoria este pequeño y precioso canto a la pobreza de Eduardo Galeano que, en mis años de facultad, colgaba en la puerta de mi habitación.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
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martes, enero 08, 2013
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miércoles, diciembre 26, 2012
Emoción
Los que odian la Navidad les otorgan a estas fechas una trascendencia que no veo normal. Si no les gusta, no entiendo por qué le dan tanta importancia, aunque lo hagan "por defecto". Esta mañana, sin ir más lejos, una compañera me decía que el 24 se acostó a las diez de la noche. A mi la Navidad me encanta, tanto como la Vida y no de una forma especial.
Ésta, en concreto, la estoy viviendo de forma intensa por varios motivos. Uno de ellos, porque me está tocando trabajar y no está siendo fácil compaginar trabajo y familia, más cuando se quiere llevar todo a la vez y están separados por cientos de kilómetros.
El día de la Lotería, que empezamos tomándolo como un día de fiesta y convivencia en la emisora...
... Acabó siendo un día de trabajo histórico porque pudimos contar que, por primera vez en 200 años, un onubense había comprado, en esta provincia, un décimo de El Gordo. Sólo un décimo que, a nosotros, nos hizo desplazarnos a Villarrasa y conocer a la humilde y feliz familia de Pedro Medina, un hombre que pasará a los libros de historia por la bonita casualidad de haber nacido en el 58.
Pero de todo lo que estoy viviendo esta navidad, me quedo con esta sonrisa:
Mi hija, que empieza a dejar de ser un bebé para empezar a convertirse en una niña que no para de querer jugar, hablar, reir y caminar. Y descubrir eso me ha emocionado, muchísimo, sobre todo cuando la veo correr por las cuestas de mi pueblo.
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miércoles, diciembre 26, 2012
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